domingo, 22 de diciembre de 2013

Señora que añora aquellas comidas de empresa


¿Qué fue de aquellas comidas de empresa por Navidad? Aquellas en las que dejábamos a un lado escaletas, horarios, estreses y malos rollos y nos reuníamos en torno a una mesa a comer esos menús de plato enorme y comida escasa y sobre todo beber, como los peces en el río, pero con más gradación.


Y esas coreografías, servilleta en mano, pidiendo el indulto de alguien, y luego venían las guerras de pan, cestillo en ristre. 
Y las cenas de hermanamiento o de intercentros con las ciudades aledañas, donde poníamos cara a las voces que oíamos por teléfono cada día.



Todo era alegría y alboroto. Los comentarios laborales eran sobre los patazos metidos en informativos, ya fuera en forma de atún en alerta o de fajín del abuelo.



En las caras se notaba el alegrón que transmite la extra calentita en la cuenta corriente. Bueno, dice esta muchacha que el tinto también tiene algo que ver...


Las mesoneras se ponían así de alborozadas cuando asomábamos por la puerta de la cantina. Nunca supe porqué.
Y llegaban las danzas...



y las imitaciones de Chiquito o de Sabrina....


un poco de boxeo....
cánticos regionales....


algún sentimental se atrevía con un fado...

la exaltación de la amistad....

y alcohol para curar las heridas.



Eran comidas multitudinarias y alegres. Pero... la comida empresarial se está perdiendo y es una pena. 
Propongo un brindis por ella, para rescatarla del pasado,
 y por los comensales, por los que se fueron a otras tierras,
 por los que lo hicieron para no volver, sobre todo por ellos,
 y por los que seguimos aquí, siempre con ganas de levantar un vaso en buena compañía.








3 comentarios: